ZOE
El laboratorio móvil estaba en silencio, pero no era un silencio natural. Era el silencio de la espera, del control absoluto, del miedo contenido. Sentada frente a la proyección, sentí cómo mi implante vibraba de manera diferente: más rápida, más insistente, como si tratara de advertirme que algo estaba cambiando dentro de mí. Algo que no era mío.
Las imágenes comenzaron a moverse, al principio familiares: momentos de mi infancia, recuerdos que creía intactos, cuidadosamente almacenados en