📍 Salón principal de la gala, MoscúLa música de la orquesta bajó de volumen cuando Mikhail Volkov se levantó con una copa de champán en la mano. Sus ojos grises brillaban de poder, su sonrisa era fría, calculada.Arianna, de pie a su lado, sentía el vestido rojo como un hierro candente pegado a la piel. Sabía fingir sonrisas, pero en ese instante su corazón se detuvo.—Damas y caballeros —anunció Volkov, con voz imponente—. Gracias por honrarnos con su presencia en esta noche tan especial.El murmullo se apagó, todos atentos.—Quiero compartir con ustedes la noticia más feliz de mi vida. Esta mujer… —tomó la mano de Arianna y la alzó en alto—, la joya de Moscú, mi amada Arianna, pronto será mi esposa.Un estruendo de aplausos llenó el salón. Copas alzadas, brindis, vítores.Arianna, paralizada, apenas respiraba. Sus labios se abrieron, pero no salió voz. Sus ojos, vidriosos, buscaron instintivamente entre la multitud… y los encontró.Allí estaba él. Greco.Con el uniforme de mesero,
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