Jared no perdió tiempo después de sacar a Nadia del departamento. La obligó a caminar a su lado, sin soltarle el brazo ni un segundo. Una vez en el vehículo, Jared la empujó al asiento trasero y se colocó junto a ella, dejando que otro hombre condujera. Nadia se aferró a la manija de la puerta, como si existiera la más mínima oportunidad de abrirla en movimiento, pero Jared le quitó la mano de un tirón y la sujetó con fuerza contra su costado. Entonces, se pusieron en marcha. El motor rugía, las luces de la ciudad pasaban veloces, y en su interior, Nadia sentía que todo lo que conocía empezaba a desvanecerse.El trayecto hasta el aeropuerto fue eterno. Jared tenía todo preparado, como si hubiese calculado cada detalle con precisión. Tenía los pasajes listos y no hubo revisión ni obstáculo que retrasara su plan. Nadia caminaba a su lado, arrastrada más que acompañada, incapaz de encontrar una salida. Su corazón se aceleraba cada vez que veía a un oficial de seguridad o a algún empleado
Leer más