Adrián se fue solo esa tarde.No me dijo adónde. Solo que necesitaba tiempo y que me llamaría. Y yo, que había aprendido que respetar el espacio de alguien cuando lo necesita es una forma de amor tan real como cualquier otra, lo dejé ir sin preguntar.Me quedé con Alejandro en la cocina durante un rato más. El café se enfrió entre nosotros mientras los dos procesábamos la misma información desde ángulos diferentes.—¿Cómo te sientes tú? —le pregunté al fin.—Raro —dijo—. Durante años construí una versión de papá que me permitía vivir con lo que había hecho. —Una pausa—. Y resulta que esa versión tampoco era completa.—¿Es mejor o peor saber esto?—No lo sé todavía —dijo, con la misma honestidad que Adrián—. Pregúntame en una semana.Asentí.—Alejandro —dije—. Lo que hiciste. Lo de venir aquí con esto, con Adrián presente. No tenías que hacerlo así.—Sí tenía —dijo—. Si la información le pertenece a alguien, es a él. Y si la manera de dársela era con nosotros presentes, era la manera c
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