Marco fue el primero en notar que yo no estaba. A las cinco y cuarenta de la mañana, cuando hizo la ronda habitual de verificación, la ventana de mi habitación estaba abierta y la habitación vacía. El saco de dormir intacto. El teléfono en la mesilla. Despertó a Adrián. Lo que pasó en los siguientes veinte minutos fue algo que yo no vi pero que Marco me contó después con una precisión que sugería que lo había archivado cuidadosamente en algún lugar de su memoria: Adrián leyó la situación en tres segundos. No entró en pánico, que habría sido la respuesta inútil. Entró en el tipo de control frío que es lo contrario del pánico y que en él se manifestaba como velocidad y silencio simultáneos. Llamó a Alejandro. Doce palabras: situación, nombre, necesito tu red, media hora. Llamó a dos contactos del sector portuario. Cuatro palabras a cada uno: Ernesto Valente, dónde. Luego se sentó en la silla del despacho, puso las manos planas sobre la mesa, y miró el mapa durante un tiempo que M
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