El doce de diciembre llegó alguien que no esperábamos.
Era media mañana. Adrián estaba en una reunión remota en el despacho. Yo estaba en la cocina con el proyecto de fin de carrera abierto en el portátil y el café que se enfriaba por la tercera vez esa mañana.
Marco llamó desde la entrada: había alguien en la puerta.
—¿Quién? —preguntó Adrián desde el despacho.
—Dice que se llama Ignacio Valente —dijo Marco—. Que es primo de Adrián.
Silencio.
Adrián salió del despacho. Su cara era la de quien