La dirección llegó al día siguiente, como Ernesto había prometido.
Un número de contacto y un nombre: Helena Voss, representante de un fondo de inversión con sede en el norte de Europa que manejaba capital de dos grupos de inversores privados cuya identidad no aparecía en ningún registro público pero que, ahora que sabíamos buscarla, era verificable a través de tres capas de documentación cruzada.
Adrián hizo la llamada.
Yo estuve presente, no en el teléfono sino en la habitación, mientras él e