Marco fue el primero en notar que yo no estaba.
A las cinco y cuarenta de la mañana, cuando hizo la ronda habitual de verificación, la ventana de mi habitación estaba abierta y la habitación vacía. El saco de dormir intacto. El teléfono en la mesilla.
Despertó a Adrián.
Lo que pasó en los siguientes veinte minutos fue algo que yo no vi pero que Marco me contó después con una precisión que sugería que lo había archivado cuidadosamente en algún lugar de su memoria:
Adrián leyó la situación en