La cena fue un martes de principios de noviembre en un restaurante del sector centro que tenía el tipo de iluminación que hace que todo parezca más manejable de lo que es.
Llegamos en dos coches. Adrián y yo en uno. Marco, que había recogido a Sofía, en otro. Valentina había insistido en ir sola, lo cual era su manera de decir que necesitaba el control de la llegada y la salida. Y Alejandro apareció con cinco minutos de retraso, sin Renzo por primera vez que yo recordara en un contexto así, lo