Aquella nevada intensa provocó que Ricardo sucumbiera de nuevo a la fiebre alta y al delirio.Al verlo desvariar, repitiendo una y otra vez el nombre de Natalia, su asistente no pudo evitar sentir lástima.Movió cielo, mar y tierra durante la noche, contactando a quien fuera necesario, solo para pedirle a Natalia que fuera a verlo al hospital, aunque fuera un momento.Pero al final, lo único que recibió el asistente fue una grabadora de voz, enviada por un empleado de Mateo.En la quietud de la habitación, Ricardo estaba solo.Observó la grabadora que tenía en la mano durante un largo rato antes de, finalmente, pulsar el botón de reproducción.Tras un instante de estática, la voz de Natalia irrumpió en sus oídos.—Si no fuera por lo que le pasó a Isabela, seguro me habría muerto esperando a que él se disculpara.—Así es la gente, ¿no? Solo se arrepienten cuando se destapa la verdad o cuando ya perdieron las cosas. Pero a mí ya no me sirve de nada el arrepentimiento tardío. Tampoco quie
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