Así que Ricardo, sin pensar demasiado en la extraña agitación que sentía, se apresuró a cruzar el océano hasta el Reino Unido, hasta la residencia de los Fuentes.
Ansiaba ver a Natalia.
Quería disculparse en persona con ella, admitir que todo lo ocurrido había sido su error.
Con la esperanza de que ella pudiera perdonarlo.
Pero llevaba ya medio mes en el Reino Unido sin haber logrado siquiera cruzar el umbral de la casa de los Fuentes.
Cuando vio que el personal de la casa lo observaba con una h