Encima de todo, en la caja, había una nota. Unas palabras, más grandes que su letra habitual, le golpearon la mirada de improviso:
[Evidencia de los crímenes de Isabela Gómez]
En ese instante, el mundo pareció enmudecer para Ricardo. Con manos temblorosas, fue sacando uno por uno los objetos del interior. Cuanto más leía, más se endurecía su expresión.
...
Residencia Montenegro.
Isabela, que disfrutaba del sol, medio adormilada, se sobresaltó por el repiqueteo insistente de un timbre. Molesta, e