Aimunan Esta mañana me desperté con el corazón ligero, con ganas de que el aroma a café y tostadas borrara el rastro de la tragedia de ayer. Mientras cocinaba, Trina me llamó. Estaba en ese estado de melancolía que solo un viernes de karaoke puede curar. Nosotros solíamos ser las reinas del despecho en Caracas; cantábamos como si nos hubieran roto el corazón mil veces, aunque nuestra realidad sentimental fuera un "arroz con mango" que nadie, ni nosotros mismas, lograba entender. —Solo una, nena —le advertí—, que aquí es muy temprano para despertar a todo el edificio. Elegimos Ecos de Amor de Jesse & Joy. Nos adentramos tanto en la letra, haciendo poses dramáticas frente a la pantalla, que el mundo exterior dejó de existir. “Desperté en la oscuridad...”. Canté con el alma, cerrando los ojos, sintiendo cada nota. Al terminar, Trina, que no sabe guardar un secreto ni bajo llave, me preguntó por mi tarde de ayer. Se lo conté todo, emocionada por el vuelo, por ver Ulsan desde las nubes
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