Aimunan Habíamos pasado una noche hermosa; la vida parecía sonreírnos por fin. En los brazos de Alexander, bajo el cielo de Ulsan, me sentía yo misma, sin máscaras. Pero el destino es un jugador impredecible. La mañana llegó con una luz radiante, y el mar infinito, con sus olas calmadas, nos dio los buenos días, ignorando que el mundo estaba a punto de fracturarse para nosotros. Esa mañana recibí la llamada de mi hermano. Mi abuelo estaba mal. En nuestras costumbres, la reunión familiar no es una opción, es un mandato sagrado cuando un alma se prepara para dar sus pasos hacia el más allá. Retornamos a tierra y el viaje de regreso a Seúl fue un borrón de urgencia. En el aeropuerto, la despedida me dolió en el centro del pecho. Nuestros corazones se alejaban sin haberse conocido profundamente, como si el universo nos pusiera una prueba de fuego para medir nuestra resistencia. Alexander prometió alcanzarme en quince o veinte días. “Si no hay más inconvenientes”, pensé, aferrándome a
Ler mais