NARRA AMARAPasa una semana completa sin que Liam y yo crucemos más de dos palabras que no sean necesarias, sin mirarnos a los ojos, sin tocarnos, sin compartir la misma cama de verdad, porque aunque dormimos bajo el mismo techo, la distancia entre nosotros se vuelve más grande que cualquier habitación, más pesada que cualquier silencio, más dolorosa que cualquier grito. El enojo puede más que el amor, el orgullo puede más que la razón, y la herida que dejó lo ocurrido no se cierra, se infecta, se profundiza, se transforma en algo que empieza a doler incluso cuando no se nombra.Intento concentrarme en la empresa, en los desfiles, en las reuniones, en los contratos, en las llamadas, en los diseños, en los compromisos, pero todo se mezcla con su imagen, con su voz, con la sensación constante de traición emocional, no por una infidelidad física, sino por algo peor: la sensación de que no me respeta como mujer, como profesional, como socia, como persona, como alguien que ha construido su
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