NARRA LIAM
El silencio que queda después de sus palabras no es un silencio vacío, es un silencio cargado de cosas que no se dicen, de heridas que no se cerraron, de pensamientos que ninguno de los dos se anima a poner en voz alta, porque hacerlo significaría cruzar una línea que tal vez ya no tenga retorno. Amara está frente a mí, erguida, firme, con esa postura que aprendió a construir para no parecer frágil, para no mostrar dudas, para no permitir que nadie confunda determinación con debilida