—Si ella dice la verdad, mejor. Si aun así no quiere decir nada, entonces queda claro que en serio no sabe nada —dijo Ricardo con calma—. Este método no la va a lastimar ni le va a quitar la vida; como mucho, va a ser un beneficio para Darío, que va a poder darse el gusto. ¿Qué tal, Darío?—Yo soy sencillo; no entiendo esas vueltas suyas —respondió Darío entre risas roncas—, pero esto me encanta, ja, ja. Seguro quedo más cansado que la mierda, después invito al señor Torres a beber, ¿sí o no, compadre?La manera en que me lanzó una mirada resultó todavía más sucia y repulsiva que su corriente forma de hablar.—Perfecto, perfecto. Pero Darío, no seas demasiado brusco; al fin y al cabo, ella lleva un niño en el vientre —Ricardo se rio un poco.Lo miré, aguantándome la rabia. Uno tras otro… todos eran demonios con disfraz de humano. Y este hombre, además, no dejaba nada al azar; cumplía su promesa a la señorita Alma de salvar mi vida y la del niño, halagaba a Darío, y al mismo tiempo no o
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