Capítulo 31: Las sombras del brilloRegresar a Bogotá después de París fue como despertar de un sueño cálido para volver a una realidad que seguía pidiendo más de mí.Las luces parisinas aún me recorrían la piel, pero la ciudad tenía otros planes:mensajes, llamados, entrevistas, propuestas.Nunca había sido tan buscada, tan celebrada, tan… observada.Y aunque sonaba perfecto, pronto descubrí que el brillo también puede cegar.La mañana después de llegar, abrí el taller esperando silencio, pero en su lugar encontré voces, cámaras, cajas sin abrir y un caos exquisito que olía a éxito reciente.Lucía apareció desde el fondo, agitando una carpeta.—¡Isa! Llegaron las propuestas de Milán y de Nueva York. Las dos quieren la colección completa. Y… —respiró hondo— también quieren un documental sobre ti.—¿Un documental?—Sí. Sobre tu historia, la reconciliación con tu mamá, tu romance con Alejandro, el renacer del arte latinoamericano… todo.Me quedé quieta.Era increíble, sí, pero también s
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