—Hola, bebé —dijo Roberta, de nuevo, y tal vez por última vez, disfrazada de Rebecca Morelli—. ¿Sabes? Eres la bebé más bonita de todo el mundo, junto a tu hermanito que ya no está en mi pancita.—¿Ya nació el hermanito? —preguntó la pequeña, medio adormilada, y Roberta asintió sonriendo—. ¿Está pequeñito?—Sí lo está —respondió la mayor, aun sonriendo a pesar de todo lo que le pesaba esa sonrisa—, y necesito que lo cuides mucho porque, como ya hablamos, él no sabe hablar, ni caminar, ni comer solito... hay que ayudarle mucho, ¿de acuerdo?—De acuerdo —musitó la pequeña, que cerró sus ojitos un par de segundos, por eso se perdió ese par de lágrimas que Roberta debió quitarse del rostro.—Te amo mucho, mi estrellita —aseguró la joven mujer, poniéndose en pie porque, cuando llegó a hablar con ella, se acuclilló al lado de su cama, para poder hablarle de muy cerquita—, te amo con todo mi corazón y deseo seas feliz para siempre... Adiós, mi bebé.La pequeña Estrella ya no dijo nada, ella
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