—Entonces —habló Alessandro Bianco, abuelo de todos los que con él estaban, excepto de Cianna Santaella—, ¿me tienen buenas noticias?
La falsa Rebecca sonrió, miró a su falso marido, que también la miró sonriente y que le colocó una mano sobre ese falso vientre de embarazo, y ambos asintieron al mirar hacia el anciano sentado a un par de metros de donde estaban ellos.
—Es un niño —dijeron ambos y solamente el anciano se emocionó.
Para Alessio, que ese hombre anunciara al fin un hijo, era como u