Roberta Franco era cada vez más una Rebecca perfecta, lo sabía por la manera en que todo el mundo susurraba de ella, y por la manera en que ese hombre la veía cada día, era como si él dudara de quién era ella en realidad; pero, sobre todo, lo sabía al mirarse en el espejo y dudar de quién era a quien ella veía.
Era curioso cómo, siendo tan parecidas, ellas daban vibras completamente diferentes, tanto que, ahora que había aprendido tanto de Rebecca, le costaba trabajo recordar cómo era comportar