—Es suficiente —indicó Alessandro Bianco, el patriarca de una pequeña familia que ansiaba todo el poder que ese hombre poseía, y por ello hacían de todo por acabar con la competencia mientras adulaban al anciano—. Si no te comportarás como la gente, será mejor que te vayas, Cianna. No te olvides que te permito estar aquí porque eres la madre de mis nietos, pero no te considero parte de la familia.
Cianna hizo lo que su hija hiciera antes, apretó los dientes con fuerza, y entonces respiró con le