Lo vio irse tras haberle regalado, de nuevo, una mirada de completo desprecio, y sintiendo cómo su corazón se oprimía, la joven solo agachó la cabeza y miró fijamente a sus piernas, que tenían sobre ellas al pequeño Chase.Roberta, que creía ser Rebecca, no entendía la mala actitud de ese hombre, a pesar de que recordaba de él montón de dulces miradas y de bellas palabras; ella ni siquiera entendía qué había pasado, no sabía por qué el repentino cambio, pero le estaba destrozando el alma de verdad.La joven abrazó mejor al pequeño, se puso en pie y ayudó a Estrella a bajar de la silla del comedor, donde todos acababan de comer, Roberta con Chase en las piernas porque, desde que ella despertó de ese accidente que no recordaba, el pequeño se había aferrado a ella con insistencia, al grado de que lloraba hasta quedarse sin aire cuando la joven lo dejaba mucho tiempo solo.—¿Por qué lloras, mami? —preguntó Estrella y la joven alzó el rostro y respiró profundo.Por supuesto que estaba llor
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