—Ven, siéntate un momento —me pide mi hermano, señalando un lugar en el sofá de la sala—. Un hijo, Gabriel, nunca es planeado cuando mantienes una vida sexual activa como la que llevas con Mía. Todos hemos estado en esa posición alguna vez. —Se ríe con naturalidad—. Recuerda lo que mamá nos contó de papá cuando supo que vendrías al mundo: papá se alegró instantáneamente, pero mamá no, ya que aún no quería tener hijos y tenía muchos planes por delante. Además, falta muy poco para que ustedes se casen, el momento es el que es.—Pero, aun así, es mucha responsabilidad de golpe… —respondo, sintiendo que mis manos sudan.—Espera. Antes de que digas algo más que te haga arrepentir, solo imagínate en un parque, con el bebé en tus brazos, y dime sinceramente si te desagrada la idea de ver a una versión miniatura de ustedes dos.Algo inseguro, trato de visualizarlo. Cierro los ojos y me imagino a un niño pequeño que se suelta de la mano de Mía mientras corre hacia mí gritando "¡papá!", y luego
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