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El Alfa Que Perdió A Su Luna

El Alfa Que Perdió A Su Luna

Mi nombre es Rebecca, fui la compañera de Gavin Clarke, el Alfa de la Manada Ironpelt, la más fuerte entre las manadas de hombres lobo del norte. Gavin era un genio para los negocios, de esos que solo aparecen una vez por siglo; sus redes comerciales se extendían por una docena de manadas del norte, convirtiendo a la suya en un imperio próspero. Fui suya durante cuatro años. Estábamos juntos, esperando nuestra ceremonia de unión... hasta que Vivian, su amor de la infancia, regresó. En el instante en que los vi reunirse, la verdad me hizo pedazos: lo que yo creía que era amor nunca fue más que una ilusión mía. Solo tenía ojos para ella. Yo solo había sido... conveniente. Al menos nunca me había marcado. No había un vínculo de apareamiento, solo papeleo del Consejo de la Manada. Eso lo hacía todo más simple. Así que planeé mi venganza: disfracé el Acuerdo de Disolución del Vínculo de Pareja como un simple permiso universitario. Cuando su pluma tocó el papel, nuestro vínculo se disolvió con el trazo de la tinta. Él nunca se dio cuenta de lo que perdió ese día: no solo a una compañera, sino al futuro heredero del legado Ironpelt. Ahora me persigue por todos los continentes. ¿Es por amor? ¿O por el cachorro? ¿O es solo el orgullo de un Alfa, herido porque lo engañé para que disolviera el vínculo sin siquiera darse cuenta de que le había ganado la partida?
Cuento corto · Hombres Lobo
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La Venganza De La Heredera Alfa

La Venganza De La Heredera Alfa

En mi ceremonia de apareamiento, Valentina Cruz, la hermanastra del Alfa Diego, llegó usando el vestido ceremonial de Luna de treinta mil de dólares que él afirmaba que nuestra manada no podía costear. Valentina me empujó hacia el fuego ceremonial, y, mientras las llamas quemaban mi piel, Diego me gritó acusándome de arruinar la ceremonia y de avergonzarlo frente a todos. Luego, se fueron juntos a nuestra luna de miel, la cual yo había pagado con mi dinero. Los lobos de la manada rival me rodearon, no podía transformarme en mi loba debido al embarazo. A través de nuestro enlace mental, le supliqué ayuda a Diego, pero él me bloqueó mientras besaba a Valentina en una playa de las Islas Coral. Cuando las garras del alfa rival desgarraron mi vientre, mi bebé murió hecho pedazos. Diego regresó, suplicando mi perdón con los ojos llenos de lágrimas. Y como una tonta, se lo di. Lo que él no sabía es que yo era la heredera alfa de la manada más poderosa de los Territorios del Norte. Romper nuestro vínculo de pareja no sería suficiente. ¡Le quitaría todo!
Cuento corto · Hombres Lobo
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La vengaza de dos hermanas

La vengaza de dos hermanas

Mi hermana y yo celebramos nuestra boda el mismo día. Nuestros esposos —uno, el jefe de bomberos, y el otro, un policía— eran mejores amigos desde la infancia, y por eso incluso compraron apartamentos en el mismo piso para ser vecinos. Sin embargo, cuando ocurrió el incendio, ambas suplicamos ayuda a nuestros maridos sin éxito. Al final, di a luz a un bebé sin vida y mi hermana también perdió a su bebé. Ambas decidimos divorciarnos.
Cuento corto · Romance
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Caluminasa como la otra, ahora soy su cuñada

Caluminasa como la otra, ahora soy su cuñada

En una sorprendente coincidencia y por esas cosas de las vueltas del destino, mi mejor amiga y yo nos enamoramos de dos hermanos de la prestigiosa familia Gómez. Y, para colmo de males, ambas quedamos embarazadas prácticamente al mismo tiempo. Mi amiga no se guardaba nada, por lo que todo San Lorenzo comentaba cómo Diego, el piadoso hijo de los Gómez, había colgado los hábitos por ella. Yo, en cambio, mantenía en secreto mi relación con Alejandro, la oveja negra de su familia, de quien nadie sospechaba que estuviera con alguien. El drama estalló cuando mi amiga descubrió por casualidad las dos líneas en mi test de embarazo, con un claro resultado: positivo. Furiosa, irrumpió en mi piso con sus amigas, ensuciando mi cama con agua sucia y llena de orina. —¡Creía que eras mi amiga! ¿Cómo pudiste ser tan vil e intentar quitarme a mi novio? —me gritó entre lágrimas. No contenta con exponerme en redes sociales como una rompe hogares, llegó al extremo de querer sabotear mi embarazo alterando mis vitaminas prenatales. Harta de sus acusaciones, le arrojé el frasco encima. —¡Escúchame bien! —le espeté—. Los Gómez tienen más de un hijo, ¿sabes? El asunto llegó a oídos de Alejandro quien, para sorpresa de muchos, resultó ser el verdadero poder detrás del trono en San Lorenzo. Rodeándome con su brazo, preguntó con voz indiferente: —¿Quién se atreve a difamar a mi esposa llamándola «la roba novios»?
Cuento corto · Romance
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Es como estar... en otro CIELO

Es como estar... en otro CIELO

Princesa Ly
Yo no debería enamorarme, yo no quería hacerlo... pero él se convirtió en uno de mis cielos favoritos ✨ ¿Cuánto tiempo se pueden ocultar los cielos detrás de las nubes? ☁️
Romance
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Dejé de ser su Luna... ¡y el Alfa enloqueció!

Dejé de ser su Luna... ¡y el Alfa enloqueció!

Cada semana, mi Alfa Bruce llevaba a una mujer distinta a casa, y frente a mí, en nuestra propia cama, se entregaba al desenfreno. Cada traición desgarraba mis sentidos; dolía como si unas garras afiladas me abrieran el alma. Él me odiaba; por eso me torturaba, una y otra vez, burlándose de mi confianza con su traición carnal. La noche de nuestro décimo aniversario llevó a la amante que había mantenido en secreto durante cinco años hasta nuestro territorio. Ella calzaba mis tacones, vestía mi traje de gala hecho a medida y lucía el anillo y el collar que yo había creído símbolos de nuestra promesa. Él, de pie ante todos los invitados, se burló: —¿No te gusta su vestido? Quítate el tuyo y dáselo. Ah, y esta noche no necesito que me atiendas. Ella es cien veces mejor que tú en la cama. La multitud estalló en carcajadas, convirtiéndome en su objeto de burla. Pero yo me levanté con calma y lo miré: —Quiero romper el vínculo. Él reaccionó como si oyera el chiste más aburrido: —Eso lo has dicho cien veces; ya me harté. ¿De verdad estás dispuesta a renunciar al puesto de Luna? Te arrastraste para que te marcara; tú te aferraste sin dignidad. La gente volvió a reírse a carcajadas. Pero ellos no sabían que, de todas esas cien veces, esa vez yo estaba decidida a terminar con esa agonía. Esa vez no lo quería ni a él ni al poder y la gloria de ser su Luna. Había decidido romper por completo el lazo de nuestras almas.
Cuento corto · Hombres Lobo
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EL RUISEÑOR

EL RUISEÑOR

LápizAmarillo
"Ruiseñor ¿dónde estás? tiene tiempo que no escucho tu canto ¿A caso me abandonaste? Me has ayudado a aliviar mi corazón, a curar las heridas, me has enseñado a vivir de nuevo, por favor, no te vayas, yo te necesito... te necesito" —comencé a llorar. El ruiseñor me escuchó y soltó un canto, supe lo que significaba; tenía la certeza de que no importaría en donde yo me encontrara, él me escucharía y yo oiría su canto".
Otros
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cierro mis ojos

cierro mis ojos

Betty Rendon Mancilla
"Hoy cierro mis ojos amándote toda la vida soñando contigo esperando que vuelvas a mirarme soñaré por siempre ese momento sentía que mi vida no tenía sentido porque eres la mujer a quien yo amaré para siempre algún día te encontraré cuando seas libre entonces cumpliré mis sueños" Encontré aquella nota de Raphael antes de que él partiera para siempre de mi lado él había sabido que yo me casaría con otro a la fuerza ansiábamos casarnos ansiábamos estar juntos para toda la vida, pero el destino nunca nos preguntó qué era lo que nosotros queríamos no nos dio a elegir la vida fue muy dura con nosotros y principalmente con él nadie sabía que él se iba a convertir en un cantante muy famoso a pesar de la tristeza que lo aquejaba hace tiempo al no tenerme a su lado.
Romance
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Entre el Amor y la Venganza

Entre el Amor y la Venganza

Crecí junto al Alfa de la manada Avalora, Griffith. Todos decían que yo era la mujer más afortunada de Mandarilla. Por mí, Griffith rechazó la oportunidad de estar con la pareja que la Diosa Lunar había escogido para él. Renunció a su destino, y anunció ante el mundo que yo era su único amor. Sin embargo, después de un aborto espontáneo, escuché por casualidad a Griffith hablando con una bruja: —Busca la manera para darle a Felicia un somnífero, sacarle el útero y asegurarte de que nunca más pueda tener hijos. Luego, acarició la barriga de otra mujer y dijo: —Dale la mejor medicina para el embarazo. Quiero que tenga el niño más fuerte e inteligente del mundo. Reconocí a aquella mujer de inmediato: era Giselle, la pareja que la Diosa Lunar había designado para Griffith. A continuación, Griffith les habló a todos los presentes con tono autoritario: —Este asunto debe permanecer en secreto. Felicia no puede enterarse. Hagan todo lo posible por cuidar su salud, o, de lo contrario, tendré que hacerles frente a las consecuencias. Mi corazón se rompió en mil pedazos. No podía creer que ese hombre, el mismo que juró amarme más que a nada, era capaz de traicionarme así. Después de eso, me fui sin decir nada, dejando que ellos dos, como pareja predestinada, pudieran estar juntos. Aun así, Griffith me dijo que, después de eso, no podía amar a nadie más. Que ya no era capaz de amar a nadie más.
Cuento corto · Hombres Lobo
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Me Amó un Segundo y Me Perdió para Siempre

Me Amó un Segundo y Me Perdió para Siempre

Para poner a prueba la lealtad de su amor de la infancia, su hermanastra lo drogó y luego me empujó dentro de su habitación. Al ver a Sebastián entre el dolor y la desesperación, acepté convertirme en su “antídoto”. Mi hermanastra, furiosa, se marchó y terminó casándose con un cruel padrino de la mafia. Yo, en cambio, quedé embarazada. Sebastián se vio obligado a casarse conmigo, pero desde entonces comenzó a guardarme rencor. Durante diez largos años de matrimonio, me trató a mí y a nuestro hijo con frialdad y palabras crueles. Sin embargo, el día en que una inundación nos sorprendió en el extranjero, él gastó hasta su último aliento para empujarme a mí y a nuestro hijo hacia la orilla. No logré sujetar su mano; justo antes de hundirse, me lanzó una última mirada, intensa y profunda: —Si todo pudiera repetirse… no vuelvas a ser mi antídoto. Sentí el corazón desgarrarse y perdí el conocimiento. Cuando volví a abrir los ojos, había regresado justo al día en que mi hermanastra le dio aquel potente afrodisíaco a Sebastián y nos encerró juntos en la misma habitación.
Cuento corto · Mafia
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