Engañada por mi ex, reclamada por el Rey Licántropo
Londres no perdona la pobreza. Menos cuando el tipo que juraba amarte te engaña, te roba lo último que te queda y te echa a la calle sin mirar atrás. Con los cobradores de deudas pisándome los talones y el aviso de desahucio en la mano, vendí lo único que me quedaba: mi propio cuerpo.
El trato inicial con la clínica clandestina era simple. Firmar, dejar que me inseminaran y gestar el hijo de un millonario anónimo a cambio de una fortuna.
Al salir de la clínica le robe al hombre equivocado y casi no la sobrevivo. Todo cambió cuando los análisis de sangre dieron positivo. No hubo jeringas ni médicos. Recibí la invitación directa de un hombre misterioso que exigió conocerme en persona. Un tipo imponente, letal, que resultó no ser humano, sino un rey licántropo.
Fui la única humana genéticamente apta para soportar su descendencia. Pero él no quería un laboratorio. Su propuesta fue clara y brutal: el proceso sería por la vía natural, o no habría trato.
Acepté por pura supervivencia. Ahora estoy embarazada y encerrada en el territorio de su manada. Un lugar salvaje donde las leyes humanas no existen y donde los peligros acechan en cada rincón. Su gente me odia por ser una extraña, sus enemigos ya huelen la debilidad de mi vientre y mi corazón, al igual que mi cuerpo, responde al rey licántropo.