Le Di Cinco Hijos, Pero Nunca Mi Amor
Todos decían que Diego Montenegro, el príncipe heredero, amaba a Elena Cabrera, la princesa consorte, más que a su propia vida.
Gloria Velázquez ocupaba el lugar de consorte secundaria. Había dado a luz a cinco hijos y Diego se los había entregado uno tras otro a Elena para que los criara. Sin embargo, Gloria nunca lloraba ni protestaba cuando se llevaban a los niños. Tampoco competía por el favor de Diego, como si aquellos hijos no fueran suyos.
Hasta el día en que se llevaron al quinto. Todavía débil después del parto, caminó con dificultad hasta el palacio de la emperatriz.
—Su Majestad —dijo con el rostro pálido, pero con voz serena—, ya le he dado cinco hijos a Diego. Le ruego que me permita marcharme y buscar al hombre al que de verdad amo.
La emperatriz miró a aquella mujer de cuerpo frágil y mirada inquebrantable y suspiró.
—Después de tantos años casada con Diego, ¿nunca has sentido nada por él?
Gloria guardó silencio un momento y negó despacio con la cabeza.