DOMANDO A MI HERMANASTRO PELIGROSO
—A partir de esta noche, dormirás en mi habitación.
—Pero Jax, somos hermanos, tus padres...
¡Pum! Jaxon estrelló el puño contra la pared junto a la cabeza de Elara, acorralando su cuerpo tembloroso. Sus ojos oscuros la observaron con obsesión letal; su aliento a menta y peligro acarició su rostro.
—No hay una sola gota de mi sangre en tus venas. Eres mi mujer, y no necesito la aprobación de nadie para reclamar lo mío.
Para Elara, mudarse a la mansión Thorne fue una pesadilla embriagadora. Debía convivir con Jaxon, su hermanastro, la pura definición del peligro. De día, un heredero arrogante; de noche, el Rey de las Calles, amo de las carreras y el boxeo clandestino de Seattle. Él la odiaba, exigiéndole a la radiante chica que se alejara de su oscuro mundo.
Pero cuando Elara descubrió al demonio volviendo a casa magullado, no huyó aterrorizada. Con manos temblorosas y una caja de leche de fresa, se atrevió a curar sus heridas.
Ese roce suave fue su error más fatal.
Los muros de hielo de Jaxon cayeron. Esa rutina transformó al matón en un protector ferozmente posesivo. Jaxon arrastró a Elara a su mundo sobre su motocicleta, coronándola como la única «Reina» de su arena.
Lamentablemente, este amor prohibido atrajo a la muerte. Cuando viejos enemigos volvieron a Elara su blanco, el demonio desató su brutalidad. Dispuesto a recuperar su trono de CEO, Jaxon quemaría el mundo entero para proteger la luz que le devolvía la cordura.
¿Sobrevivirá Elara cuando el ensangrentado mundo de Jaxon la devore viva?