Contrato de perdición
Dominic Graymont es un hombre al que todos temen, aunque lo oculten incluso ante sí mismos. Me veo obligada a tomar una decisión y firmar un contrato para salvar a mi familia; a cambio, debo estar disponible para Dominic las veinticuatro horas del día, los siete días de la semana. Sin embargo, cuanto más tiempo paso a su lado, más me doy cuenta de que he caído en su trampa. Juega conmigo con total facilidad en sus juegos oscuros, fingiendo una pasión sin sospechar que, por deseo de su propia familia, mi misión no es salvarlo, sino destruirlo.
—¿Qué está haciendo, señor Graymont?
Nuestros cuerpos están a una distancia inadmisible; su calor se filtra bajo mi piel, llegando a ese lugar donde jamás dejé entrar a nadie.
—Conocerte para poder abrirme —me provoca.
—Hay límites.
—Es verdad —sus notas de terciopelo se posan sobre mi piel de forma casi física. Deseo con locura que me toque, a pesar de saber que está prohibido—. Pero ¿a quién le importan los límites?