Abortos repetidos y sin piedad: los culpables pagarán
Tres años de matrimonio. Abortos repetidos.
El día de su segunda pérdida, Felipe Torres acompañó a Jenifer González a dar a luz a unos gemelos.
Al salir del hospital, Lucía Gómez por fin tomó una decisión. Le arrojó a su casi exmarido un acuerdo de divorcio.
—Divorciémonos. Es por tu bien.
—¿Divorcio? ¿De verdad puedes hacerlo? Además, si lo que quieres es retenerme, no hace falta que finjas hacerlo por mi bien.
Lucía solo sonrió, no dijo nada y se dio la vuelta para irse.
Lo hacía de verdad por su bien. Después de todo, ya había encontrado un nuevo respaldo.
Aunque Felipe fuera todopoderoso en Puerto Real, con esa persona no podía meterse.
Al cortar con el pasado, Lucía dejó de fingir por completo. Cuando sus nuevas identidades fueron saliendo a la luz una tras otra, todos en la familia Torres quedaron atónitos.
¿Seguía siendo la misma mujer indefensa, sin familia que la respaldara, a la que cualquiera podía pisotear?
El presidente de un consorcio internacional dijo:
—Lucía, divórciate. Ya no puedo seguir esperando.
Un magnate financiero afirmó:
—Divórciate. Si no, que la familia Torres quiebre.
Un abogado internacional aseguró:
—El juicio de divorcio no será un problema, Lucía. Con que me mires una sola vez, seré el hombre más feliz del mundo.
Felipe siempre creyó que Lucía jamás lo dejaría.
Hasta que un día la vio convertirse en alguien inalcanzable para él. Entonces, toda su arrogancia se hizo pedazos.