¡Oh, Diosa Mía! Desperté Unida a Mi Hermano Alfa Obsesivo
—¡No! Cassian, espera… —gimo Ángela, jadeando con fuerza después de un orgasmo que la hizo estallar en mil pedazos—. Esto… esto está muy mal —consigue decir, luchando contra el torrente abrumador de deseo y contra la razón, mientras su palma empuja el pecho firme y tenso del hombre que se cernía sobre ella.
—Es prohibido —jadea.
—Dime que no lo deseas tanto como yo, y te prometo que no volveré a molestarte jamás —murmura Cassian con voz ronca, con la lujuria y el anhelo ardiendo en sus ojos mientras contempla el rostro sonrojado de Ángela, sus ojos reflejando los mismos fuegos y su cuerpo temblando de necesidad bajo él.
—Tómame —ronronea ella, y él no pierde ni un segundo en reclamarla…
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Ángela pensaba que estaba loca por haberse enamorado de su hermano. Era territorio vedado, una fruta prohibida con la que solo podía fantasear.
Lo que nunca imaginó fue que la diosa lunar los uniría como compañeros el día de su vigésimo primer cumpleaños.
La diosa debe de estar loca, pensó, por permitir semejante abominación.
Se ve obligada a rechazar a su hermano o ser enviada al extranjero, una decisión que sus padres aseguran es la correcta.
Sin embargo, parece que no era la única que había perdido la cordura: Cassian, su hermano, la quería para él y estaba dispuesto a enfrentarse a todos con tal de conservarla.
Sus padres y los ancianos de la manada tampoco estaban dispuestos a ceder; harían lo que fuera necesario para impedir que ese vínculo echara raíces.
¿Podrán estos dos superar todos los obstáculos y permanecer juntos?
Pero sabed esto: la Diosa Lunar no une a la sangre. Su elección nunca es un error.