El eco del anuncio del maestro de ceremonias aún vibraba en las molduras doradas del gran salón. El nombre de Elena Valerius, pronunciado junto al de Alexander Sterling, había actuado como una descarga eléctrica que paralizó a los presentes. Mientras avanzaban por la alfombra central, Elena sentía el peso de cientos de miradas clavadas en ella; ojos cargados de envidia, curiosidad y, sobre todo, un miedo reverencial. Alexander no la soltaba, su mano en el pequeño de su espalda era una declaraci