El amanecer en el hospital no trajo la calidez de los campos italianos, sino una luz blanca y fría que resaltaba el cansancio en los rostros de los Sterling y de Arthur Valerius. Tras horas de incertidumbre, el parte médico había confirmado que Sofía se encontraba fuera de peligro, estabilizada y consciente en su suite de recuperación. Sin embargo, en el ala de neonatología, la realidad era más sombría; el bebé, nacido a las treinta semanas, luchaba por su vida dentro de una incubadora de últim