Una invitación había llegado a la mansión Sterling en una tarjeta de hilo con bordes de oro, sellada con el escudo de una de las dinastías financieras más antiguas de la ciudad. No era un evento corporativo de sus propias firmas, sino una fiesta de cóctel privada concebida para reunir exclusivamente a las personas más ricas, influyentes y poderosas del país, un terreno donde las alianzas se consolidaban con una sonrisa y las reputaciones podían destruirse con un susurro entre copa y copa. Alexa