El día de la gala benéfica amaneció con una claridad gélida, como si el cielo mismo entendiera que la atmósfera en la ciudad estaba a punto de cambiar para siempre. Elena se despertó antes de que la alarma sonara, encontrándose envuelta en las sábanas de seda del apartamento de Alexander. Se quedó inmóvil por unos minutos, observando cómo los primeros rayos de luz se reflejaban en los ventanales de cristal. No había rastro de la duda que la había atormentado semanas atrás. Hoy no era solo el dí