CAPÍTULO 62.
Un lobo entró en la cabaña arrastrando consigo el olor del bosque y la tensión de una noticia que no podía esperar.
—Estuve en el pueblo —gruñó, sacudiéndose la lluvia del lomo al tomar forma humana—. Está casi vacío. Muchos se han ido… tienen miedo.
Dorian, sentado junto al fuego, no levantó la mirada de inmediato. Jugaba con una daga entre los dedos, su expresión ausente, pero su oído atento. Al escuchar aquellas palabras, una mueca de fastidio le cruzó el rostro. La mandíbula se le tensó y a