CAPÍTULO 59.
Lina emergió del agua con una calma hipnótica, como si el tiempo mismo se rindiera a su andar. Cada paso que daba, el lago parecía inclinarse ante ella, rendido, como si las gotas que resbalaban por su piel quisieran aferrarse un poco más. Su cuerpo, bañado por el reflejo plateado de la luna, se contorneaba con una gracia casi irreal.
Kael la observó, inmóvil, con el pulso desbocado. El aire pareció densificarse entre ellos cuando su mirada descendió por su figura. El agua corría por sus curvas