Narrado por Teo
Amanecía.
La luz filtrada por las persianas dibujaba líneas tenues sobre la colcha revuelta. El aire en la habitación tenía ese olor tibio que solo existe en los cuartos donde alguien ha dormido de verdad. No de manera superficial o alerta, sino de ese sueño profundo, entregado, como si por un momento el mundo entero dejara de doler.
Y yo… yo había dormido. Dormido de verdad.
Me tomó unos segundos recordarlo todo. La noche anterior. Su cuerpo junto al mío. El modo en que me miró