Narrado por Teo
Pasé el resto de la mañana caminando por el departamento como un animal encerrado. No podía sacarme de la cabeza la forma en que Karina se había ido, la tibieza de su mano sobre mi pecho antes de alejarse.
No me pidió que la retuviera. Yo tampoco le pedí que se quedara. Fue como si ambos hubiéramos aceptado que cualquier palabra hubiera terminado por romper algo que todavía estaba en pie.
Me apoyé en la barra de la cocina, con el café enfriándose en mis manos, mirando la lluvia