La oficina del Grupo Menezes estaba sumida en silencio.
No el silencio tranquilo del final de la jornada.
Era un silencio pesado. Densos.
El tipo de silencio que se instala cuando todos saben que algo está a punto de suceder.
O peor.
Cuando todos saben que el jefe está a punto de explotar.
Las luces de la ciudad brillaban al otro lado de los enormes ventanales de cristal. Los coches se deslizaban por las avenidas, la gente volvía a casa, los restaurantes seguían recibiendo clientes.
La ciudad s