Rafael estaba impecable.
Traje oscuro, postura relajada, una sonrisa perfectamente calculada —el tipo de presencia que transmitía confianza, estabilidad… seguridad. Cada detalle había sido pensado: la iluminación suave del comedor, los arreglos florales discretos sobre la mesa, el vino abierto para respirar antes de la llegada de los invitados. Nada fuera de lugar. Nada que pudiera levantar sospechas.
La puerta se abrió.
—Bienvenidos.
Su voz salió cálida, casi afectuosa.
Laura fue la primera en