Rafael no estaba acostumbrado a no saber.
Eso era lo que lo consumía.
No la ausencia de Lorena —aunque ella estuviera allí, constante, latiendo en el fondo de su mente como un dolor que se negaba a desaparecer— sino el vacío de información. El fallo en el control. La ruptura del patrón.
Estaba en la empresa.
En la sala de reuniones de la última planta, rodeado de pantallas, informes abiertos, datos cruzados en tiempo real. Un aparato entero funcionando para un único propósito:
encontrarla.
—Con