La noche seguía perfecta. El postre había llegado— un volcán de chocolate con helado—. Karina ya se había convencido de que no solo Fabio era guapo, dulce y divertido, sino que además sabía compartir el último pedazo sin drama. Eso era señal de hombre confiable.
Rieron. Hablaron. Y cuando ya estaban por levantarse de la mesa, el teléfono de Fabio vibró sobre la mesa.
—¿Todo bien? — preguntó Karina al ver que él la miraba con el ceño fruncido.
Fabio no respondió enseguida. Leyó el mensaje. Fr