El tiempo en la isla no parecía real.
Para Isabella, las horas se evaporaban como la niebla al sol. Había llegado con la esperanza de encontrar a sus padres, desaparecido sin rastro, tragado por un lugar que parecía callar más de lo que decía.
Esa mañana empezó igual: con el canto de pájaros lejanos, con el sonido de ramas húmedas bajo sus botas, y con una fe que estaba dudando.
Ellos caminaban. sought. Ellos llamaban sus nombres.
Pero la isla como si los protegiera o los ocultara, no respo