La mañana en la mansión Montero amaneció tranquila. Los rayos del sol se filtraban por los grandes ventanales, iluminando los pasillos decorados con cuadros centenarios y estatuas de mármol. Isabella y Sebastián habían decidido aprovechar el día para conocer en profundidad la estructura y los asuntos de la familia Montero, que ahora también eran parte de sus responsabilidades.
Adam los recibió en la biblioteca principal, un espacio imponente lleno de estanterías que llegaban hasta el techo, re