Mundo ficciónIniciar sesiónEl cielo despejado sobre la finca Gallardo ofrecía un espectáculo de estrellas que parecían danzar entre sí. La brisa nocturna acariciaba los árboles y hacía crujir levemente la madera del porche trasero, donde Sebastián sostenía una copa de vino junto a Isabella, aún descalza por la cena familiar en el jardín. Todo parecía calmo, un instante suspendido entre la vida que habían construido y las cicatrices del pasado que poco a poco se iban cerrando.
La abuela Elisa tejía en sil






