El sol entraba con pereza por los ventanales del ala este de la mansión Fernández. Los días habían cambiado. La tensión política mundial seguía su curso, pero dentro de esas paredes, Isabella intentaba, por primera vez en mucho tiempo, vivir.
Isabella se despertaba después de una noche de relajación, se levantó, estiró sus brazos y caminó hacia el baño, se miró el rostro en el espejo, y sonrió. Tomó el cepillo, le puso su pasta de dientes exclusiva y se cepilló los dientes.
Luego, después de