La casa Fernández respiraba una nueva paz.
Aquel domingo, los jardines estaban en plena floración y el aire se impregnaba del aroma a madreselvas y pan recién horneado. En el porche trasero, Sebastián había dispuesto una mesa larga con manteles color marfil, jarras de limonada, bandejas de frutas frescas y una fuente de empanadas que Isabella había hecho con la ayuda de Karina.
Isabella estaba descalza, con un vestido blanco de lino que le caía suelto sobre los hombros. Su cabello recogido e