La noche había caído sobre la mansión Fernández como un manto espeso de incertidumbre. Afuera, los agentes de la unidad Tormenta del Desierto patrullaban con precisión militar. Adentro, los rostros estaban tensos, las palabras medidas. Algo no encajaba. Y Isabela lo sentía en cada fibra de su cuerpo.
—¿Tú también lo sientes? —preguntó Vanessa, entrando a la sala de reuniones privada con un café en mano.
Isabella asintió, sin apartar la vista del tablero digital donde aparecían los últimos mov