La noche era densa, húmeda, cargada de tormenta. En lo alto de las montañas de Los Lirios, una base subterránea camuflada entre la niebla ocultaba lo último de la organización que durante años había manipulado, asesinado y corrompido desde las sombras: Delta Rojo.
—Es ahora o nunca —dijo Sebastián, ajustando su equipo táctico—. Entramos, sacamos a la hermana de Darío, y eliminamos cada rincón de esta maldita red.
Isabella, con el cabello recogido, llevaba la mirada afilada. Vanessa estaba con